Los tres gastos, explicados
Todo lo que te cobren por tener una web cabe en tres conceptos. Conviene distinguirlos porque se mezclan a propósito en muchos presupuestos.
El dominio. El alquiler de tu dirección, tunegocio.com. Se paga por años y es de los gastos más pequeños que vas a tener. Tiene que estar a tu nombre, no al de quien te haga la web. Es el punto donde más gente descubre tarde que no era dueña de nada.
El alojamiento. El sitio donde viven los archivos de tu web. Varía muchísimo según lo que necesites: una web sencilla de un negocio local consume poquísimo, y hay opciones muy baratas y hasta gratuitas que van perfectamente. Una tienda con miles de productos es otra historia.
El mantenimiento. El único que no es un servicio técnico sino trabajo de una persona: cambiar textos, actualizar precios, revisar que todo siga funcionando. Es el que más varía y el que más conviene tener por escrito, porque «mantenimiento» significa cosas muy distintas según quién lo diga.
Qué es inevitable y qué no
Inevitable: el dominio. Mientras quieras que tu web exista en tu dirección, se renueva. Punto.
Casi inevitable: el alojamiento. Los archivos tienen que estar en algún sitio, aunque ese sitio pueda costar muy poco.
Evitable, según cómo esté hecha tu web: el mantenimiento. Y aquí está la parte que casi nadie explica. Una web hecha con archivos sencillos no tiene nada que actualizar: no hay complementos que se queden obsoletos ni agujeros de seguridad que parchear. Una web hecha con un gestor de contenidos y una docena de complementos sí necesita mantenimiento de verdad, porque cada complemento es una puerta que hay que mantener cerrada.
O sea: la cuota mensual no es una estafa ni un capricho, pero depende de una decisión técnica que se toma al construirla. Merece la pena preguntar por ella antes, no después.
El coste escondido de las suscripciones
Las plataformas de «hazte tu web tú mismo» tienen un modelo distinto: no pagas por hacerla, pagas todos los meses por tenerla publicada. Al principio parece la opción barata, y para probar algo lo es.
El problema aparece con el tiempo, por dos motivos. El primero es aritmético: una cuota mensual multiplicada por cinco años suma bastante más de lo que parecía. El segundo es peor: si dejas de pagar, la web desaparece. No te llevas los archivos a otro sitio, porque están construidos con las piezas de esa plataforma.
Antes de comparar precios entre opciones, haz dos cuentas: cuánto suma cada una a cinco años, y qué te llevas si te vas. Con esas dos cifras la comparación es honesta; con la del primer mes, no.
Qué pasa si no la mantienes
Depende otra vez de cómo esté hecha, y las consecuencias van de nada a bastante.
Una web de archivos estáticos que nadie toca sigue funcionando igual dentro de tres años. Lo único que envejece es el contenido: precios que ya no son, un horario cambiado, un servicio que ya no prestas. Eso no rompe nada técnicamente, pero es lo que más clientes cuesta.
Una web con gestor de contenidos sin actualizar es otra cosa: los complementos desactualizados son la vía de entrada más habitual para que te inyecten contenido basura. Y cuando eso pasa, Google puede acabar marcando tu sitio como no seguro, que es de lo peor que le puede ocurrir a un negocio.
Hay además un mantenimiento que no es técnico y que casi nadie hace: revisar una vez al año que todo lo que dice la web sigue siendo verdad. Es gratis y es lo que más rentabilidad tiene.
Tres escenarios reales
Negocio local con web sencilla. Dominio, un alojamiento básico y ningún gasto más si no cambias nada. Es el escenario más común y el más barato con diferencia. Los cambios puntuales se pagan cuando hacen falta, no todos los meses.
Negocio con web en gestor de contenidos. Dominio, alojamiento con algo más de capacidad y un mantenimiento periódico que aquí sí tiene sentido, porque hay actualizaciones de seguridad que alguien tiene que hacer.
Negocio en plataforma de suscripción. Una cuota mensual que lo incluye casi todo y crece con las funciones que vayas activando. Cómodo, sin sorpresas técnicas, y con el detalle de que la web no es portable.
En nuestro caso, para que veas dónde encaja: la web es de pago único y el mantenimiento es opcional y barato, precisamente porque están hechas de forma que no necesitan actualizaciones de seguridad. Las cifras concretas están en precios.
Qué preguntar antes de firmar
Cuatro preguntas que evitan casi todos los disgustos, y que puedes hacerle a cualquiera:
1. ¿A nombre de quién queda el dominio? La única respuesta buena es «al tuyo».
2. ¿Qué gastos fijos voy a tener al año y cuáles son? Desglosados, no una cifra global.
3. ¿Qué incluye exactamente el mantenimiento y qué se cobra aparte? Por escrito.
4. Si me voy, ¿qué me llevo? Si la respuesta es incómoda, ya lo sabes.
Y si estás comparando presupuestos de hacer la web, la otra mitad de la cuenta está en cuánto cuesta posicionar una web.